Verónica Allamand

Autorretrato

Comencé a pintar desde muy temprana edad, en realidad no tengo consciencia de cuándo. Crecí con una mamá que tejía, bordaba, cosía, cocinaba y todo lo aprendí. Cosía los vestidos de mis muñecas, escribía cuentos y poesías, hacía maquetas para mis juguetes y pintaba para entretenerme. Recuerdo que era muy pequeña cuando me regalaron una caja de pasteles grasos, con los que pinté cosas significativas para mi. En ese entonces mi papá tenia mis “obras” enmarcadas en su consulta, cosa que recuerdo con mucho cariño. Fue ahí donde Fui descubierta por el Maestro acuarelista Hardy Wistuba quién me invitó a desarrollar mi amor por la pintura en su taller. Después de la acuarela, estudié arquitectura, lo que me llevó a un alejamiento temporal, que pronto se manifestaría con mucho ímpetu, tras el nacimiento de mi segundo hijo. Ahí conocí a mi mentora Daniela Ponce, a la cual le debo mi existencia artística.

Desde entonces mi curiosidad por la investigación, y las continuas exposiciones me han llevado a la pintora que soy hoy. Con varias críticas en el cuerpo, y más de 400 obras pintadas, vendidas y expuestas, hoy empiezo un nuevo camino en mi carrera como artista visual.
Presente este año en la Galeria ArtLabbé mi última transformación como creadora, una pintura abstracta, liberada de los dibujos y patrones caracterizaba mi obra. Me entrego al color y su expresión como máxima de madurez personal y como creadora. Donde ya, las formas y los diseños desaparecen para dar entrada a un alma expuesta. Sin miedo a mostrar este nuevo cambio, con la seguridad que te otorgan los años vividos; Desnudo mi alma para entregar lo esencial, lo profundo, la abstracción absoluta de mi “yo interno”.

Esta obra habla del concepto de “remiendos” pequeños espacios del alma que han sido remendados, reconstituidos con un bordado de cobre, plata y oro, según como logré unir estos espacios en su momento.
Espacios del alma que se han sanado con gracia y belleza. Donde la costura o cicatriz, nos plantea un camino recorrido, un crecimiento realizado y un estado de armonía interior.